 |
El esfuerzo de la
primera subidita hacia el refugio te hace parar al cruzar el río para
quitarte ropa y aprovechar la excusa para descargar mochilas un ratillo.
|
 |
A ratos acechaban las nubes que saltaban el
macizo de la Maladeta. |
 |
Al final del
bosque, de repente se hizo el silencio y un suave murmullo me hizo detener.
Observaba atónito como se movía la nieve entre los árboles ... un pequeño
alud atravesó el sendero a tres metros de mi. Había nevado bastante un par
de días antes y aún no estaba la nieve para jugar. |
 |
Por fin avistamos el refugio. Tenía ganas de
llegar para verme la herida que me estaba mortificando a cada paso.
|
 |
Después de las
curas y la pomada para las heridas del perro del guarda, la mía pasó del
negro al rojo en cuestión de horas. Así que al día siguiente intento seguir
a ese par ... a los pocos metros yo ya me quedaba detrás. |
 |
El Fernando buscándome tías marías suavecitas para sufrir lo
menos posible. |
 |
Pero por muy
fácil que lo intentara, las subiditas en la montaña son inevitables. Mirado
desde aquí parece suave pero ... ya, ya. Además caminábamos sobre un enorme
alud que cayó un par de días antes (pero con el caminito hecho ... con
esquís mosquea más).
Fíjate a la derecha como bajaron los que estuvieron por aquí el día anterior
... tobogán gigante. |
|
 |
Lo que subes recto entre pedruscos en verano lo esquivas
ladeando la montaña en invierno sobre una superficie más o menos homogénea
... excepto estés pasando sobre otro alud caído. Ya sabíamos que es zona de
aludes pero no imaginábamos ver tantos, alguno de tamaño considerable. |
 |
Según ganas
altura disminuye el peligro de aludes ... que no el desnivel. Miguel lo
supera siguiendo la autopista de los que estuvieron por aquí el día
anterior, Fernando y yo, con esquís, haciendo grandes diagonales. |
 |
Después de este repecho accedíamos al ibón de Gias.
Lástima después grabé encima de lo de esta parte (desastre soy); verías sin
verlo al ibón, y viéndolos, al omnipresente Gourgs Blancs, el cuello de
Gias, el Gias, el Clarabide Oriental y al fondo el Clarabide propiamente dicho
... ah! y al Fernando saliendo hacia el cuello a ritmo atleta mientras el
Miguel y yo encendemos un pitillo (no todos somos tan sanotes :) |
 |
Y
Fernando dió la vuelta cuando comenzó a nevar y
volvimos los tres p'abajo. Éste es el barranco de Gias que, como no, era
todo un alud. Como era mi día, subiéndolo quise esquivarlo por detrás de las
rocas de la derecha para no tenerme que quitar los esquís, inteligente yo
... cuando llegué arriba no tenía salida. Ya con los esquís en la mochila,
deshaciendo la subida, y por no ponerme los crampones, tuve un buen susto
(ya puedo explicarlo) al quedarme colgado en un agujero de una capa de un
metro de nieve y ver debajo de mis piés colgantes un vacío de 3 metros más abajo,
donde, en pendiente vertical, crecía
la hierba ... si me llego a colar no me encuentran ni con los arvas que llevábamos. ¡Más de una hora tardé en reencontrarme
con Fernando y Miguel a la salida del barranco! ... y doble jodido, por la
p...(piiip) herida y por lo cansado que salí de ahí.
En la montaña las estupideces se pagan. |
 |
Y en fotos parece una tontería, pero mira el Miguel ...
je, je, de hostia en hostia (con "h") |
 |
Ésta como homenaje a los de Gijón que nos
abrieron huella/autopista el día anterior. |
 |
Y cuando los de Gijón
bajaron hacia los coches y nosotros estábamos haciendo las mochilas para
seguirles, el Fernando, mosca por no haber subido a la cima y quedarse sin
Perdiguero, se mira la
montaña de enfrente del refugio: "Uau! la nieve de ese lado sí que se ve
bien ... ¿y si subo un poco solo para disfrutar la bajada?" ... ese no se
cansa. |
 |
A
mi me dió envidia, por el disfrute de la bajada ... y por el ritmo con el
que subía el cab...(piiiip)cete. |
 |
Mira como sube el
cab...(piiiip)cete. |
 |
Y ahora mira como disfruta el
... (pá no hacerme pesaó)
... y que diagonal más perfecta trazó subiendo el ... |
 |
... como pá darle d'hostias
(con "h") |